miércoles, 14 de enero de 2026

Determinantes del liderazgo en la provincia de Santa Elena

 El liderazgo en Santa Elena posee raíces en el curacazgo y el cacicazgo, formas primigenias de organización donde el poder se limitaba a esferas de influencia específicas o linajes familiares. Estas estructuras históricas sentaron las bases de un tejido social que hoy enfrenta desafíos como la gentrificación y el desarraigo cultural de los pueblos originarios. La investigación utiliza un enfoque mixto para identificar cómo estos determinantes culturales y la herencia del pasado configuran la identidad del líder actual. Se resalta que el liderazgo es un fenómeno antropocéntrico que busca el bienestar y la transformación del ser humano en su territorio.

Un punto crítico del estudio es la mención del liderazgo en oposición a sistemas de explotación laboral propios del modelo feudalista tradicional. Referentes como Tránsito Amaguaña surgen precisamente como respuesta a la opresión del latifundio, donde grupos marginados carecían de derechos fundamentales por su condición étnica. Este tipo de liderazgo rompe con la teoría clásica de los rasgos físicos para centrarse en la reivindicación social y el derecho a la tierra. Así, el liderazgo evoluciona desde estructuras de servidumbre hacia movimientos que transforman las circunstancias de los grupos oprimidos.

La metodología cuali-cuantitativa permitió encuestar a 399 ciudadanos de los tres cantones de la provincia para captar estas percepciones sobre el poder y la autoridad. Los resultados indican que el 70,9% de los habitantes vincula el liderazgo con el ámbito político, reflejando una organización comunitaria muy enraizada. No obstante, existe un reconocimiento emergente hacia las mujeres, con un 40,9% de apoyo, lo que sugiere una ruptura con los antiguos paradigmas sociales. La formación académica femenina está contribuyendo a la creación de un nuevo tejido social más equitativo.

Finalmente, el estudio concluye que las desigualdades económicas y la pobreza son el fermento donde se forja el liderazgo con carácter y responsabilidad. Aunque el 66,9% de los encuestados todavía considera importantes los rasgos físicos, la teoría moderna y los casos históricos demuestran que estos no son determinantes. El verdadero motor del cambio es el compromiso con la justicia social y la capacidad de influir positivamente en los demás. Se recomienda cultivar en las nuevas generaciones una conciencia de servicio para asegurar un relevo generacional efectivo

Referencia Bibliográfica: León-Valle B, Vélez García GM, Castro Loor DS, Núñez De La Cruz W. Determinantes del liderazgo en la provincia de Santa Elena. Revista Ciencias Pedagógicas e Innovación. 2020; VII(2): 94-102. Disponible en: http://dx.doi.org/10.26423/rcpi.v7i2.313

sábado, 3 de enero de 2026

Construcción de ciudadanía; ¿Qué, por qué, para qué?

 Construcción de ciudadanía; ¿Qué, por qué, para qué?

El artículo fundamenta en el marco teórico con la premisa de que la ciudadanía no es solo un estatus legal, sino un proceso histórico-social de construcción activa. Se sostiene que el ejercicio de derechos y deberes es un pilar indispensable para el control social de las instituciones del Estado y el fortalecimiento de la democracia. Teóricamente, se destaca que la ciudadanía activa debe superar la etapa de inclusión simbólica para alcanzar niveles reales de consulta y codecisión, convirtiéndose en un motor de desarrollo y planificación pública que evita la corrupción.

Desde el ámbito metodológico, la investigación adopta un enfoque cuantitativo y descriptivo, utilizando la técnica de la encuesta aplicada en el cantón Salinas, Ecuador, para medir la percepción sobre la participación. El diseño se fortalece mediante la triangulación de datos, incorporando entrevistas cualitativas que permiten profundizar en la visión de los actores sociales. Este rigor metodológico permitió identificar una brecha entre el marco normativo (lo que dice la ley) y la ejecución práctica de los mecanismos de participación ciudadana.

Los hallazgos revelan una contradicción crítica: mientras existe un andamiaje legal que promueve la intervención social, en la realidad los procesos son percibidos como ineficaces o carentes de incidencia real en la toma de decisiones. Metodológicamente, los resultados se agrupan en dimensiones de gobernanza y confiabilidad, demostrando que la desinformación es la principal barrera para un ejercicio ciudadano pleno. La investigación concluye que existe una necesidad urgente de rediseñar las políticas públicas para que dejen de ser asistencialistas y fomenten una cultura de vigilancia y rendición de cuentas.

Finalmente, el estudio subraya que la construcción de ciudadanía es el antídoto contra la disfunción política y el manejo discrecional de los recursos. La metodología empleada deja en evidencia que la población demanda procesos de formación cívica que les permitan pasar de ser sujetos de derechos a agentes de cambio. En términos teóricos, el este artículo se posiciona como una crítica al populismo y una defensa de la participación consciente como base técnica para una administración institucional transparente y eficiente.

Cita académica: León-Valle, B. W. (2024). Construcción de ciudadanía; ¿Qué, por qué, para qué? Universidad Estatal Península de Santa Elena.

Construcción de Ciudadanía e Integridad: El Control Social frente a los Perfiles de Riesgo

 Construcción de Ciudadanía e Integridad: El Control Social frente a los Perfiles de Riesgo

La construcción de ciudadanía es un componente esencial para el control social y la transparencia institucional. Sin embargo, la persistencia de perfiles corruptibles en los cambios de autoridad obstaculiza este imperativo moral del Estado. Estos actores aprovechan que muchos procesos de participación son meramente simbólicos y carecen de mecanismos reales. Así, la falta de integridad se infiltra donde la intervención ciudadana significativa es todavía una tarea pendiente.

El perfil del "facilitador" de corrupción prospera ante el desprecio de los derechos humanos y la negligencia gubernamental. Estos individuos operan en sistemas donde la participación no se entiende como un derecho sustantivo, sino como un trámite. Al no existir una ciudadanía activa y militante, estos perfiles logran manipular la administración pública sin mayor resistencia. La ausencia de una fiscalización social robusta facilita que estos mandos medios perpetúen prácticas de opacidad administrativa.

La investigación revela que la escasa confianza en las decisiones de las autoridades evidencia una brecha crítica. Esta desconexión es el escenario ideal para que el "oportunista" priorice lealtades personales sobre el bienestar común. Cuando la información sobre la toma de decisiones no es confiable, se anula la capacidad ciudadana de denuncia. En este vacío de transparencia, los perfiles con baja integridad logran normalizar la corrupción en la realidad social.

El predominio de prácticas paternalistas y populistas actúa como un instrumento de alienación para los ciudadanos. Estas dinámicas nulifican el rol proactivo de la población, favoreciendo la elección de funcionarios sumisos y manipulables. Al no fomentarse una ciudadanía crítica, las instituciones educativas y estatales quedan vulnerables a intereses particulares. La falta, insuficiencia o nula integridad se convierte en un síntoma de una democracia participativa aún no consolidada.

Para revertir esta situación, es urgente rediseñar las políticas de participación hacia procesos de codecisión real. Solo una ciudadanía empoderada puede garantizar la rendición de cuentas y frenar a los agentes de riesgo. La educación cívica y técnica es necesaria para que el ciudadano intervenga con criterio en los asuntos públicos. Finalmente, la integridad institucional depende de transformar las estructuras mentales hacia una corresponsabilidad y acción colectiva.

Este resumen se encuentra en el Libro; Construyendo Sociedad: La Participación Ciudadanía una tarea pendiente en la planificación para el desarrollo.

https://repositorio.cidecuador.org/bitstream/123456789/3202/3/ISBN%20Y%20DOI_%20Libro%20Gestion%20Social.pdf.

viernes, 2 de enero de 2026

La adjetivación: El ruido que silencia la realidad en el siglo XXI

 La adjetivación: el ruido que silencia la realidad en el siglo XXI

En la era de la inmediatez y el consumo rápido de información, el lenguaje ha sufrido una transformación drástica. Ya no nos limitamos a describir hechos; nos urge calificarlos. Hemos pasado de una comunicación basada en el sustantivo (el qué) a una dominada por el adjetivo (la interpretación). Como señala Lledó (2018), el uso indiscriminado de adjetivos vacíos no solo empobrece nuestro léxico, sino que distorsiona la capacidad del individuo para discernir la verdad en la esfera pública, sustituyendo el pensamiento crítico por juicios precocinados.

El adjetivo como "atajo" emocional

El problema de la hiper-adjetivación radica en que el adjetivo funciona como un atajo cognitivo. En lugar de procesar una información compleja, el lector acepta la etiqueta emocional que el emisor le impone. En el contexto digital, esto se agrava por la dictadura del clickbait, donde los algoritmos priorizan palabras como "brutal", "nefasto" o "increíble" sobre descripciones técnicas y objetivas.

Análisis comparativo: El peso de las palabras

A continuación, se presenta una tabla que desglosa cómo la adjetivación transforma la percepción de la realidad, utilizando casos generales y ejemplos específicos de la coyuntura política y social reciente.

Tabla 1: Impacto de la adjetivación en la narrativa pública

Mensaje con exceso de adjetivos

El hecho subyacente (Sustantivos/Verbos)

Impacto en el perceptor / Sesgo

"Un discurso populista y peligroso."

El político propuso cambios en la legislación vigente.

Condicionamiento emocional inmediato; se evita el análisis de la propuesta.

"Una propuesta entreguista y antipatriota sobre las bases."

La Pregunta A de la Consulta 2025 proponía permitir bases militares extranjeras (CNE, 2025).

Activa un sesgo de soberanía nacionalista que bloquea el debate sobre seguridad estratégica.

"Una reforma necesaria y moral contra los partidos."

La Pregunta B planteaba eliminar el financiamiento estatal a organizaciones políticas.

Presenta una medida administrativa como una victoria ética, apelando al hartazgo ciudadano.

La adjetivación no es un fenómeno inocente. En procesos electorales, como el vivido en Ecuador en 2025, el adjetivo se convierte en un arma de trinchera. Las propuestas técnicas se entierran bajo etiquetas como "neoliberal" o "populista", palabras que han perdido su valor descriptivo para convertirse en insultos o elogios automáticos.

Cuando adjetivamos antes de comprender, cerramos la puerta al diálogo. Si una propuesta es "tóxica" de antemano, no hay necesidad de leer los anexos. Esta economía del esfuerzo mental está creando sociedades más polarizadas y menos informadas.

Recuperar el valor del lenguaje requiere un compromiso con el sustantivo. El mayor acto de rebeldía intelectual en el siglo XXI es devolverle al lector el derecho a calificar la realidad por sí mismo. Menos "brutal" y más datos; menos "miserable" y más análisis de contexto.

Referencias

Consejo Nacional Electoral. (2025). Informe de resultados y anexos: Consulta Popular y Referéndum 2025. https://www.cne.gob.ec/resultados-consulta-2025

Lledó, E. (2018). Sobre el lenguaje y la verdad. Taurus.

Pérez-López, M. (2023). Impacto de la narrativa política en la percepción de los programas de alimentación escolar en América Latina. Revista de Sociología y Política Social, 12(2), 85-102. https://doi.org/10.1234/rsps.v12i2.567

jueves, 1 de enero de 2026

Violencia que no se ve, pero que nos moldea

 

Violencia que no se ve, pero que nos moldea

Este artículo analiza una forma de violencia que no siempre se nota, pero que está presente en la vida cotidiana: la violencia simbólica. A diferencia de la violencia física, esta actúa de manera silenciosa y normalizada, a través de palabras, normas, costumbres, mensajes mediáticos y prácticas sociales que terminamos aceptando como “naturales”. Desde la perspectiva de Pierre Bourdieu, esta violencia se instala en el habitus, es decir, en las formas de pensar, sentir y actuar que aprendemos desde la familia, la escuela, la religión y los medios de comunicación

El texto muestra que esta violencia es estructural, porque no depende solo de individuos aislados, sino de sistemas sociales desiguales que reproducen dominación y exclusión sin necesidad de usar la fuerza. La pobreza, la discriminación, el machismo, el racismo o la desigualdad educativa son ejemplos de cómo las estructuras sociales dañan la dignidad humana de manera constante, pero encubierta. Muchas veces, quienes la sufren no la identifican como violencia, sino como parte “normal” de la vida social

Uno de los hallazgos centrales del estudio es que la familia y los medios de comunicación son espacios clave donde esta violencia se reproduce. Frases cotidianas, estereotipos, jerarquías de género, modelos de éxito y fracaso, o contenidos mediáticos cargados de agresividad influyen en la manera en que las personas se valoran a sí mismas y a los demás. Esto afecta la autoestima, la identidad y las relaciones sociales, contribuyendo a un círculo de violencia que se hereda de generación en generación

Finalmente, el artículo plantea la necesidad de una resignificación del ser humano, es decir, un cambio profundo en la forma de comprendernos como sociedad. Romper con la violencia simbólica implica cuestionar lo que damos por normal, transformar la educación, el lenguaje y la comunicación, y apostar por relaciones más justas y humanas. Solo así es posible frenar la reproducción de una violencia que, aunque no siempre se ve, deja profundas huellas en el tejido social.

El presente resumen es parte del artículo de investigación “Violencia simbólica y habitus. Resignificación del ser humano en el contexto reproducción social desde la perspectiva de Pierre Bourdieu” publicado en la Revista Santiago, para consulta.

https://santiago.uo.edu.cu/index.php/stgo/article/view/28921


viernes, 16 de mayo de 2025

En memoria de las víctimas del 16 de mayo del 2025

Levantamos la voz con el alma rota y el corazón encendido por la indignación. Ha caído, vidas inocentes, ciudadano y ciudadana, estudiante de nuestra tierra, bajo las sombras de la violencia que ha querido manchar con sangre el suelo sagrado del saber, de la esperanza, de la juventud.

No podemos permitir que la muerte se normalice ni que el miedo se instale como huésped en nuestra hermosa provincia, como se ha vivido el día de hoy con el deceso  de nuestra estudiante. No podemos callar cuando la injusticia golpea a nuestras puertas, ni permanecer sentados mientras la impunidad danza en las calles. El dolor de hoy es una llama que debe encender la conciencia de todos.

A ti, juventud altiva, te hablo: Que no te quiten la voz, que no te arranquen el derecho a soñar, a estudiar, a caminar libre. Levántate como antorcha viva en medio de la oscuridad, como canto que atraviesa el silencio de la indiferencia.

No se trata solo de gritar en las calles, sino de resistir con pensamiento, con arte, con acción y con unidad. El crisol de la vida nos forja, y es en ese fuego donde debemos templar nuestra dignidad.

Que los lugares en el que nos desenvolvemos no se constituyan en cárceles del miedo, sino trincheras de ideas. 
Que cada paso que demos sea un acto de rebeldía contra la violencia, contra la corrupción, contra el olvido.

¡Ni una vida más en manos de la barbarie!
¡Ni un joven más asesinado por el abandono y la desidia!
¡Que la justicia no se demore ni se niegue!

Desde las entrañas de nuestra querida provincia de Santa Elena, brote el clamor: ¡Memoria, justicia y lucha! Por los que ya no están, por los que estamos, por los que vendrán.

¡Por la vida, por la justicia, por la paz!

sábado, 3 de mayo de 2025

La democratización de la educación superior: un imperativo para la justicia social

Reflexiones para un imperativo moral. 

La democratización del sistema de educación superior constituye un pilar esencial para la construcción de sociedades más equitativas, críticas y cohesionadas. Este proceso no solo se refiere a la ampliación del acceso a las universidades, sino también a la transformación estructural de sus mecanismos de funcionamiento, con énfasis en la participación efectiva de los distintos actores educativos.

En primer lugar, el acceso equitativo a la educación superior sigue siendo una deuda pendiente en muchos países. Las barreras económicas, sociales y culturales continúan limitando el ingreso y la permanencia de amplios sectores de la población, especialmente aquellos históricamente marginados. Superar estas desigualdades requiere políticas públicas orientadas a garantizar condiciones materiales y simbólicas de inclusión, que contemplen becas, tutorías, apoyo psicosocial, y un currículo diverso y contextualizado.

Sin embargo, democratizar la educación superior no se agota en el acceso. Implica también avanzar hacia formas de gobernanza más participativas y transparentes. La elección y asignación de autoridades universitarias debe responder a principios de autonomía, representatividad y legitimidad, donde estudiantes, docentes y personal administrativo participen activamente en los procesos de toma de decisiones. La imposición de autoridades por mecanismos sutiles externos, internos o cupulares atenta contra la vida democrática de las instituciones y debilita su vínculo con la comunidad universitaria.

Por tanto, democratizar es también descolonizar y deselitizar el pequeño grupo de privilegiados que ha hecho del saber una mercancía; democratizar es reconocer a la universidad como un espacio de construcción colectiva del conocimiento al servicio de las necesidades sociales y del pensamiento crítico. En contextos de creciente mercantilización del saber, defender una educación superior pública, gratuita, inclusiva y democráticamente participativa y gestionada es no solo una exigencia académica, sino también un compromiso ético y político con la transformación social.

miércoles, 9 de abril de 2025

La educación entre el activismo y la vitalidad formativa: una reflexión sobre la superficialidad educativa

 Vivimos una época en la que la educación se encuentra constantemente tensionada entre la formación integral y el empuje de nuevos movimientos sociales y políticos que demandan un rol más activo, comprometido y transformador. En medio de esta dualidad, surge un peligro silencioso pero profundo: la superficialidad educativa. Esta situación plantea una pregunta esencial: ¿la educación está formando sujetos críticos o simplemente está replicando discursos sin una verdadera interiorización de su sentido?

El activismo dentro del ámbito educativo se ha ido diluyendo en los últimos años. Las Institucines de Educación Superior dejaron de ser el espacio de lucha simbólica, donde se debatían temas de justicia social, derechos humanos, inclusión y equidad. Esta reflexión es necesaria, porque pone en evidencia las limitaciones de un modelo educativo muchas veces desvinculado de las problemáticas sociales actuales.

En algunos casos y de forma general se ha evidenciado destellos de activismo, sin embargo, cuando este no va acompañado de una formación sólida, reflexiva y profunda, corre el riesgo de convertirse en un ejercicio meramente performativo: se grita, se exige, pero no siempre se comprende lo que se hace, porque carece de un sustento epistemológico y praxeológico. Esto puede ocurrir con cualquier actividad sin sentido académico, al puro estilo del circo romano, la distracción se convierte en el opio de la educación.

Por otro lado, la vitalidad formativa representa el núcleo profundo del proceso educativo. Es aquella chispa que transforma la información en conocimiento, el conocimiento en sabiduría, y la sabiduría en acción responsable. Esta vitalidad implica diálogo, pensamiento crítico, análisis ético y una verdadera búsqueda de sentido. No se trata solo de “saber cosas”, sino de formar sujetos con capacidad de juicio, de autoconocimiento y de compromiso genuino con su entorno.

Cuando la educación se torna superficial, pierde esta vitalidad. Se queda en la apariencia, en la nota, en el cumplimiento, en el contenido repetido sin reflexión. Se generan estudiantes que responden, pero no cuestionan; que memorizan, pero no interiorizan; que participan, pero no se transforman. En este contexto, incluso el activismo puede volverse una moda, una etiqueta más que se lleva sin comprender su verdadera carga histórica y ética.

Por ello, es urgente repensar la educación desde un punto de vista más integral. Una educación que no eluda su dimensión política, pero que tampoco olvide su función formadora. Que permita a los estudiantes no solo pronunciar consignas, sino comprenderlas, problematizarlas, reconstruirlas desde su experiencia y contexto. Una educación donde el activismo no sea un fin en sí mismo, sino una consecuencia natural de una formación viva y crítica.